martes, 24 de enero de 2017

DAVID MCKEE, UNA PERSONA MUY ESPECIAL



Una visita muy especial


David McKee, Arenas, 1989.

ARENAS

Conocí a David Mckee en el año 1989, en Arenas de San Pedro, dentro del encuentro que organizaban, y organizan, Federico Martín y los suyos. Charlamos, y nos regaló una imagen de un monstruo para la Revista Peonza, cuando todavía eramos dos en el Equipo de Redacción y teníamos tres años de vida. Aquella fue la primera cubierta ilustrada que publicamos. 

   
A lo largo de los años siguientes siguió colaborando con Peonza de manera generosa en las diversas propuestas que le hicimos.

David McKee y Javier Sobrino en Arenas.

BIELVA

En 1995, preparé un proyecto de trabajo sobre sus libros en mi clase de Educación Infantil del CRA Monte Arria en Bielva, Cantabria. Grabé en vídeo todas las actividades que realizamos con sus libros, algunos de los cuales no se habían publicado aún en España. Gracias a las traducciones de mi amigo Diego Gutiérrez pudimos leerlos en clase. Los libros a medio terminar (uno de monstruos y un diario) y el vídeo se fueron para Niza, donde vivía por aquel entonces.


Pasó el tiempo y una mañana de sábado sonó el teléfono: era David. En una mezcla de españolitalofrancés nos pudimos entender. Él no quería aceptar nuestros regalos y no podía grabarse porque no tenía cámara. Él, solo, se ofrecía a venir a vernos a nuestra escuela. Mayo le venía bien y yo acepté, también nos venía bien, aunque no me lo creía, pero soñar es gratis.


David McKee en Bielva, Herrerías, Cantabria, España.

Y así fue como un día lluvioso, miércoles por la tarde, aparcó delante del colegio un coche con el volante en el lado contrario y de él salió un David McKee sonriente. Había recorrido dos mil kilómetros durante 17 horas de viaje, desde Londres, donde también reside, para venir a vernos.



No me lo podía creer.  Libros, libros y una botella de whisky escocés formaban también parte de su regalo.


Los días siguientes los pasó en el colegio con los niños jugando, dibujando y leyendo.  Disfrutamos de algo único. Y mi amigo Javier Flor lo llevó de turismo para que viera la Cantabria húmeda.





PECHÓN

Dejó las tierras del Nansa con la pena de no ver las montañas de los Picos de Europa. Desde ese momento, todos los años llega a mi casa un sobre pintado que me desea feliz año.


Gracias David, por tus libros y tu generosidad.


David McKee y Javier Sobrino en Bielva, 1996.

















































jueves, 12 de enero de 2017

ENTREVISTA A REBECCA DAUTREMER





Con motivo de la reciente publicación de su obra: Dautremer, Edelvives, 2016, recupero esta entrevista que salió en Peonza nº 97 (junio de 2011) y posteriormente en EMILIA (octubre de 2011) y en el Diario La Nación de Caracas (enero de 2012).

En esta entrada aparece en su totalidad y seguro que la disfrutáis mucho.





¿Cómo fue su infancia cerca de los Alpes? ¿Hay algún momento de aquellos años que usted intente recuperar a través de sus ilustraciones? 


Nací el 20 de agosto de 1971 en Gap, en el departamento de Hautes Alpes, muy cerca de Italia. Mis padres eran muy jóvenes y tuve una infancia un poco bohemia. Tengo recuerdos maravillosos. A los cuatro años mi padre nos llevó a la Drôme, una región muy salvaje del Sur de Francia, para criar ovejas y cabras y hacer queso. Eran los años 70 y la ideología de “vuelta a la naturaleza”. Empecé el colegio muy tarde cuando mis padres retornaron al “valle”, algo que no me gustó mucho. Quizás por esto fui durante bastante tiempo muy tímida y un poco salvaje. No tenía muchos amigos. El grupo siempre me ha inquietado un poco. Incluso ahora, cuando han cambiado las cosas, me siento bien en mi oficio que implica una vida bastante solitaria.
 

Tengo el recuerdo de una infancia muy feliz, plena de fantasía, con padres muy abiertos que me mimaron, algo que influyó en mi más tarde. Mi padre pasó a convertirse en carpintero; hasta hoy ha seguido trabajando con sus manos y ejerciendo el oficio con pasión. Estuvo en conflicto con su familia que desde los comienzos desaprobaba su forma de vida. Por ello mis padres siempre han estado de acuerdo con mi elección en la vida y siempre han apoyado mi pasión, el dibujo, que practiqué desde joven. No utilizo mis recuerdos de infancia directamente en mi trabajo, pero han sido mi infancia y mi educación las que me han permitido desarrollar mi imaginario y mi capacidad de soñar cosas.
 



¿Fue una apasionada de los libros en aquellos años?

Tuve la infancia que quise. Recuerdo muy buenos momentos escuchando con mis hermanos a mi madre o a mi abuela contarme historias. Leía un poco de todo y no importaba qué. Me contaba historias a mí misma, me pasaba mucho tiempo soñando e imaginando fuera de los libros. No era propiamente una apasionada de ellos.
 


Estudió Artes Decorativas en París ¿Qué significó para usted la editorial Gautier-Languereau? ¿Qué piensa que vio en sus ilustraciones?

Fui estudiante de Artes Decorativas en París durante cuatro años, pero en la sección de grafismo. En aquella época (y seguramente ahora también) la ilustración estaba mal considerada y no tuve agallas para inscribirme en esta sección. Tenía gusto por el diseño gráfico, pero la ilustración me atrapó; tuve mucha suerte. Por un profesor amigo me presenté en Gautier-Languereau, que me confió trabajos siendo yo estudiante. Ellos creyeron en mí y me fueron orientando hasta que fui lo “suficientemente” competente. Les debo mucho. No pensaba trabajar con ellos, pero el azar y la suerte me llevaron a sus oficinas, donde fui bien acogida.

La pintura, y el cine son dos influencias que usted reconoce. Vermeer es uno de los pintores que más aprecia. ¿Qué valora de su obra?


Si. El cine, y de manera general la imagen fotográfica, me fascina y me inspira mucho. Pienso siempre como si tuviera una máquina de fotos cuando hago una ilustración. Busco un encuadre, un punto de vista, un ángulo, la profundidad de campo, incluso un tiempo de exposición. Cuando ando escasa de ideas ojeo algún libro de fotografía que tengo y siempre encuentro una pista.
En cuanto a la pintura, me siento más gusto con las obras de pintores de los siglos XVI o XVII. Adoro sus retratos, fotografías de la época, sus personajes en una pose congelada sobre fondo neutro. La pintura flamenca me llega mucho y Vermeer -con su luz y sus colores naturales- parece que atrapa la vida en sus cuadros y les da otra existencia. Me gusta también Brueghel y sus criaturas fantásticas, increíblemente modernas. A Velázquez le he visto por primera vez hace poco en el museo del Prado y me emocionó mucho.
 




Fotografiar es capturar momentos de la realidad y hacer ilustraciones es capturar momentos de una historia. ¿Cómo ha influido la fotografía en su trabajo de ilustradora?

He respondido ya un poco. Pero puedo comentar que practiqué mucho en el laboratorio fotográfico estudiando artes decorativas. Después, al comienzo de mi carrera, soñaba con ser fotógrafa. Había comprado algún material y tenía un amigo fotógrafo que me contrataba de vez en cuando. Acudía a su estudio y fui aprendiendo; admiraba mucho su forma de trabajar. Pero no estaba segura de haber prosperado en este entorno fotográfico que parecía más duro que la ilustración y la edición. De todas formas, sigo de vez en cuando realizando una imagen como hubiera querido que fuera si la hubiera tomado con una cámara. Intento encontrar las texturas difusas y suaves del grano fotográfico.

El proceso previo antes de ilustrar un texto es muy importante. ¿Cómo realiza la documentación y planificación de un álbum ilustrado?


Me parece que de manera muy clásica. Necesito un poco de tiempo para “digerir” el texto, sobre todo el universo y el ambiente en que se desarrolla. Pienso mucho en lo que voy a hacer antes de coger un lápiz. Sé los meses que me lleva avanzar con cada libro y tengo el tiempo suficiente para imaginar y soñar con las imágenes que voy a pintar. Intento tener una visión general del libro, saber exactamente el tono y el estilo que tendrá, encontrar el hilo donde prender la historia. Buscar “el ángulo de ataque” mejor, el más personal, que haga que mi libro, en lo posible, sea un poco novedoso. Trato de no aferrarme a mi primera idea, no ir derecho a lo evidente. No es fácil.
Si el tema lo demanda, me documento. Pero esto no es siempre necesario. No me engancho nunca mucho a los detalles reales. Si acudo en algún momento a la documentación, siempre viene un momento posterior donde la dejo a un lado para remodelar la imagen a mi manera. A continuación marco “las vías del tren”, es decir, el recorrido del conjunto de páginas del libro para definir el ritmo. Nada es más necesario que conocer al menos el contenido de cada página antes empezar con la primera.



Habitualmente utiliza gouache, y a veces óleo, para dar color a sus imágenes. ¿Qué valor le da al color? ¿Es sólo decorativo o también argumental?

Solo utilizo el gouache. El gouache es un material muy opaco y suelo engrasar un poco mis dibujos cuando les termino, lo que me permite dar un poco de contraste a mis colores; pero nada más. Para mí el color es la luz. Por supuesto que es también decorativo, pero no debería. Mi elección de un color se hace por el contraste o por la luz que aporta. Finalmente, me importa más el valor del color que el tono. En revancha, utilizo muy poco el valor sugestivo del color.

En muchos de sus libros predominan los tonos rojos. ¿Qué le ofrece ese color que otros no le aportan?


Por un lado es facilidad y, por otro, hábito mío usar este color que aporta mucha luz y con el que me siento bien. Tengo la impresión que el rojo es el color por excelencia. Pero lucho contra mis hábitos y me esfuerzo por explorar actualmente otras armonías.

En cuanto a la relación entre las imágenes y el texto, ¿qué momentos de un texto elige ilustrar? ¿Qué valora especialmente en un cuento?


Con mis ilustraciones intento construir una historia que no sea redundante con el texto. No es necesario parafrasearlo ni describirlo palabra por palabra. Trato de proponer otro punto de vista sobre la aventura, de atrapar al lector en un camino paralelo que va enriquecer su lectura y abrirle otras puertas. Hacerle tomar caminos tortuosos que le lleven incluso a dejar la lectura y volverla a retomar más tarde. Ser el contrapunto del autor para cuestionar al lector, para intrigarlo. Me gusta ilustrar un detalle insignificante del texto, poner en funcionamiento un personaje secundario, sorprender al lector para que no se aburra.



Los protagonistas de muchos de sus libros -Cyrano, Elvis o Princesas- escritos por usted o por su marido, Taï-Marc Le Thanh, son personajes conocidos. ¿Qué le atrae de estos personajes? ¿Su popularidad, sus historias…?


Ilustrar historias conocidas es todo un desafío pues hay que estar a la altura de lo que se ha hecho anteriormente, algo que también puede ser una ventaja. Estos personajes existen en el imaginario colectivo y sus nombres son evocadores. Leer como título Cyrano es ¡todo un programa! Es algo muy tentador para mí enfrentarlo. Se me vienen a la cabeza innumerables imágenes cuando comienzo a trabajar un personaje como Elvis o Pulgarcito. Tantas que hay que ordenarlas y sacarlas buen partido.




¿Qué es lo que le seduce de algunos de los cuentos populares que ha ilustrado, Nasrudín o Babayaga?


Cuando era niña me encantaba la historia de Babayaga. Recuerdo el libro, sus ilustraciones y a mi madre leyéndome la historia. Me golpeaba la crueldad del personaje y la violencia de la persecución. Fue un cuento que me dejó una impresión muy fuerte, un sentimiento de miedo y de alivio cuando todo acaba bien. Me puse contenta reviviendo esta historia y sus emociones, imaginándome mi propia versión. Sin embargo, cuando empecé a trabajar en Nasrudín no conocía al personaje y, lo confieso, no le tenía ningún apego.

Su mundo creativo se sitúa habitualmente en el pasado. ¿Por qué vuelve su mirada hacia atrás? ¿Qué busca con ello?


Hum… Me temo que estoy contaminada por la moda de lo retro, del vintage. Es cierto que el pasado hace soñar. Lo cotidiano y próximo es más duro; mejor un país lejano que la esquina de tu calle, la hierba crece siempre más verde al otro lado… Pero no me fijo en un pasado muy preciso, me gusta mezclar las referencias. No dudo en dibujar una toma eléctrica sobre un muro detrás de un personaje en ropa de la Edad Media. Nada me obliga. Los grandes vestidos, las formas amplias, los sombreros y accesorios divertidos encuentro que son más agradables y poéticos que un vaquero ajustado o una camiseta. Pero esto es mi sentimiento.



Muchos de sus personajes, siendo de diversas razas, tienen una gran similitud fisonómica, especialmente en sus ojos. ¿Por qué los pinta con esa amplitud y grandeza? ¿Por qué son tan fundamentales los ojos? ¿Por estética o por lo que significa ver?

No puedo explicarlo. Hay muchas cosas en mi trabajo que están ahí porque no sé hacerlas de otra forma, simplemente. Sin duda me gustaría cambiar las fisionomías de un personaje a otro, pero no puedo. Todos los ilustradores tienen tics y hábitos de los que no se pueden desprender. Es así que se logra un estilo. Yo trato desde hace cierto tiempo de cambiar mis personajes, identificándoles más profundamente, pero ¡es muy difícil!

Háblenos de la belleza. ¿Qué significa para usted? ¿Cómo busca y logra la belleza en sus ilustraciones?


¡Oh, la, la! Trabajo verdaderamente con feeling. Esta entrevista me fuerza a hacer teoría sobre mi propio trabajo, pues cuando estoy en medio de él no razono mucho y me dejo ir por mis sensaciones. Me fijo en mí, sinceramente, y en mis emociones. Luego las transcribo sobre una hoja tanto como puedo. No controlo la emoción del lector, soy feliz si se estremece pero no sé muy bien por qué.



¿Por qué le fascina su oficio de ilustradora? ¿Qué cualidades considera necesarias a la hora de desarrollar su trabajo?


Todos los días me repito que tengo una increíble oportunidad de poder vivir de mi pasión. No vacilo en ponerme a trabajar. Las vacaciones largas me cansan y no suelo hacerlas mucho. Verdaderamente no tengo la impresión de trabajar. Sin embargo sé que para tratar de llegar a un trabajo de calidad hacen falta horas y horas, investigando y sobre el tablero. Todo está por hacer. Siempre se busca progresar, algo que no está en duda. No hay que dormirse por un pequeño triunfo o tras una obra algo exitosa. Trato cada día de sorprenderme a mí misma, hacerlo mejor que ayer. No es fácil.

¿Qué lugares, momentos o situaciones le inspiran y le generan ideas para su trabajo?


Sinceramente, cualquier lugar, cualquier momento me pueden inspirar. Y a menudo no son los que se piensan “inspiradores”. Ante bonitos lugares o bellos paisajes siempre me hago la reflexión: “Ah, este decorado te va a llenar de ideas”, pero no es forzosamente cierto. Los encuadres magníficos son al final algo gélido; en un contexto común y anodino hay que descubrir el pequeño rincón de belleza, el pequeño rayo de luz que ilumina todo lo feo de su entorno. Esto es lo más excitante.



¿Cómo valora el hecho de hacer libros para niños? ¿Es una alegría, un reto, una responsabilidad…?


No pienso específicamente en los niños cuando trabajo, pienso en gentes de todas las edades. De hecho, muchos de mis libros son comprados por adultos. Hasta ahora no he sentido el peso de la responsabilidad, pero no he tenido encargos delicados. Este año estoy ilustrando la Biblia, que Phillipe Lechermeier cuenta a su manera, y siento que hay que hacer elecciones, tomar responsabilidades, ¡sí! Pero es algo excitante.

Ternura, alegría, miedo, curiosidad, admiración… son algunas de las palabras que nacen después de ver sus libros. ¿Qué le gustaría que sintieran los lectores?


Todo lo que se cita me parece ya suficiente. Sueño, evasión, tener un poco de emoción para sentirse vivo.



¿Qué sentimientos le producen los encuentros con lectores infantiles, en escuelas y bibliotecas, o con futuros ilustradores?

El oficio de ilustrador es muy solitario, algo que me conviene. Pero hace bien salir de tu taller para encontrar a los “otros”. Me gusta mucho reencontrarme en los salones con amigos autores e ilustradores con los que poder compartir nuestras experiencias y dificultades. Con los niños tomo tierra, algo que me permite comentar su percepción de mi trabajo, a veces verdaderamente fuera de lugar. Las discusiones con los niños replantean todo; es muy emocionante y reconfortante ver que el libro existe en carne y hueso a los ojos de estos lectores. En general, vuelvo de los salones agotada, pero muy reconfortada.
Cuando me encuentro con estudiantes, ellos me permiten también replantearme mi trabajo. Me obligan a analizar las cosas, a hacerme preguntas e intentar responderlas, algo que me permite trabajar después mejor. Intento aplicar los consejos que doy a los más jóvenes cuando regreso de un taller. Dicho esto, no tengo tanta experiencia aún.




¿Cómo se siente tras el éxito que han obtenido algunos de sus libros en Francia o España?


Es verdad que España es el país donde mis libros han tenido más éxito después de Francia. No me lo explico, pero me regocija. Italia es muy abierta también, Europa en general. En cambio los ingleses no conocen bien mi trabajo; el mercado en lengua inglesa es muy cerrado, mucho; solo he sido editada en los Estados Unidos por primera vez este año. ¡Inverosímil!
Intento no dormirme en los laureles del éxito, aunque este me da confianza y me permite encontrar abiertas las puertas de los editores y, por consiguiente, vivir confortablemente de mi oficio y poder elegir mis proyectos. Y esto, ¡esto no tiene precio!

¿Qué proyectos le gustaría desarrollar en el futuro?

Terminé Alicia, ¡uf! Salió en Francia en noviembre y ha salido en España esta primavera. La Biblia, sobre la que estoy ahora, es un enorme trabajo -decenas y decenas de planchas- que me llevara probablemente dos años. Enseguida voy a ilustrar por primera vez una novela para adultos. Se trata de Seda, un texto de Alessandro Baricco. Estoy contenta de esta nueva experiencia.
Trabajo igualmente en un largometraje de animación con Tai-Marc Le Thanh, donde nuestro álbum Elvis es el punto de partida. Es un trabajo también a largo plazo. Posteriormente hay miles de cosas que podría intentar: ilustrar una novela policiaca, hacer un cómic, montar un stop-motion (cortometraje foto a foto), etc, etc.
 


Merci beacoup, Reb.




(Traducción del francés de Débora Wainschenker y Antoine Schamael)


Breve biografía de Rebecca Dautremer:


Rebecca nació en Gap (Francia) en 1971. Su infancia transcurrió entre valles alpinos y la cercanía del rio Drôme para comenzar estudios de artes decorativas en París. Formada en la Escuela Superior de Artes de la ciudad de la luz pronto encontró su primer trabajo como ilustradora en 1995 para el libro de Alphonse Daudet El niño espía. Al año siguiente comienza a trabajar con la editorial Gautier-Languereau, editorial que la acoge y le permite realizar trabajos propios, siendo en la actualidad la casa de edición de sus grandes éxitos, sola o en colaboración de su marido Tai-Marc Le Thanh.
Poseedora de una excelente técnica, sus ilustraciones destacan por la creación de atmosferas sugerentes, de imágenes con un bello misterio, llenas de color y luz. Amante de la fotografía, que ejerció en sus comienzos, sus dibujos son todo un trabajo de encuadre, profundidad y contrastes. Algún trabajo publicitario suyo muestra también su gusto por los colores vivos. Sus actividades como ilustradora y diseñadora de vestidos y escenografías para varios espectáculos le han llevado al cine, estrenándose su primer largometraje como directora artística, bajo la dirección general de Dominique Monféry, el pasado mes de diciembre: Kérity y la casa de los cuentos.
Sus dibujos y otras dinamismos artísticos pueden verse en su libro Artbook Rebecca Dautremer (2009, Editions du Chêne). Rebecca tiene una primorosa página web donde puede admirarse su trabajo y novedades: http://www.rebeccadautremer.com/




Breve bibliografía:

Las ediciones españolas de sus libros por orden cronológico es la siguiente:
- (2001) El gigante y los pájaros. Timun Mas (Texto: Ghislaine Biondi)
- (2003) Enamorados. Kokinos (Texto: Rebecca Dautremer)
- (2005) Princesas olvidadas o desconocidas. Edelvives (Texto: Phillipe Lechermeier)
- (2006) Nasrudin. Edelvives (Texto: Odile Weulersse)
- (2007) Nasrudin y el asno. Edelvives (Texto: Odile Weulersse)
- (2008) Sentimiento. Edelvives (Texto: Carl Norac)
- (2008) ¿Quién ha sido? o un vientecillo perfumado. Edelvives (Texto: Tai-Marc Le Thanh)
- (2008) El pastor o en que piensan los corderos antes de dormirse. Edelvives (Texto: Tai-Marc Le Thanh)
- (2008) La hermanita carnívora o la enfermedad del cordero loco. Edelvives (Texto: Tai-Marc Le Thanh)
- (2008) La tortuga gigante de Galápagos. Edelvives (Texto: Rebecca Dautremer)
- (2008) Los cochinos o un ramillete de papelejos. Edelvives (Texto: Tai-Marc Le Thanh)
- (2009) Elvis. Edelvives (Texto: Tai-Marc Le Thanh)
- (2009) Babayaga. Edelvives (Texto: Tai-Marc Le Thanh)
- (2009) Cyrano. Edelvives (Texto: Tai-Marc Le Thanh)
- (2009) El diario secreto de Pulgarcito. Edelvives (Texto: Phillipe Lechermeier)
- (2009) Hilo de hada. Edelvives (Texto: Phillipe Lechermeier)
- (2010) En la época de los castillos. Larousse (Texto y desplegable: Rebecca Dautremer)
- (2010) Nat y el secreto de Eleonora. Edelvives (Texto: Rebecca Dautremer)
- (2010) Swing Café. Kókinos (Texto: Carl Norac)
- (2011) El libro que vuela. Edelvives (Texto: Pierre Laury)
- (2011) La gran corriente de aire. Edelvives (Texto: Tai-Marc Le Thanh)
- (2011) Alicia en el país de las maravillas. Edelvives (Texto: Lewis Carroll)

- (2013) El pequeño Teatro de Rebecca. Edelvives (Texto: V.V.A.A)  
 - (2013) Seda. Edelvives (Texto: Alessandro Baricco) 


 - (2016) Dautremer y viceversa. Edelvives (Tai-Marc Le Thanh)



lunes, 9 de enero de 2017

FELIZ 2017




Mi amigo David McKee me ha felicitado el nuevo año con esta carta. Desde hace más de veinte años se repite este maravilloso regalo que viene en el sobre.
Gracias, amigo, y Feliz 2017 para todas y todos.

lunes, 12 de diciembre de 2016

AVENTURAS DE ARIÁN

Este pasado mes llegaron a casa dos nuevos libros: ¡Tachán, tachán! y Ojos de lobo. Ambos están ilustrados por la checa Lucie Mullerova y los publica Editorial Thule. Estos nuevos títulos me dan una gran alegría, son regalos especiales porque ambos están protagonizados por mi hijo Arián y eso me hace mucha ilusión.  

Gracias a Lucie por apostar por los textos y a José Díaz por confiar en los libros. 
Son textos poéticos, cada uno es un soneto inglés, sobre las andanzas de un niño pequeño, con páginas de cartoné y formato reducido.
A disfrutarlos.

 http://www.thuleediciones.com/#/works/%C2%A1TACH%C3%81N,%20TACH%C3%81N!/57ee7c83a2fc6159936407




http://www.thuleediciones.com/#/works/OJOS%20DE%20LOBO/57ee7abb45fd0096816401







lunes, 21 de noviembre de 2016

ENTREVISTA A BEATRIZ MARTÍN VIDAL

ENTREVISTA A BEATRIZ MARTÍN VIDAL


 “Me gustan las huellas que dejan las historias abiertas porque lo que queda es un mundo en el que puedes habitar”.



“Es maravilloso trabajar sobre historias que forman parte de la esencia cultural de las personas”.


Al lado de una preciosa pared vegetal, cerca de una pequeña selva vertical madrileña es el encuentro con una de las revelaciones de la ilustración española, con una de las nuevas artistas que enriquecen la literatura infantil internacional, con Beatriz Martín Vidal. La timidez inicial se desvanece a medida que sus palabras van poblando la estancia, como si su voz fuera un encantamiento para sus personajes, en poco tiempo hemos estado rodeados por ellos y nos han acompañado palabra a palabra. Durante la conversación, la ilustradora castellana nos ha dejado ver sus alforjas de memoria y recuerdos, nos ha permitido mirar tras sus ojos pardos y observar la ebullición de sus ideas, de sus planteamientos artísticos y de sus quimeras más lejanas. Gracias, Beatriz, por compartir con los lectores de Peonza una parte de tu vida de ilustradora y por hacer obras repletas de belleza e inquietud.



Iniciamos la entrevista hablando de tus comienzos, de tus primeros años, de tu formación y primeros pasos artísticos. Eras una lectora voraz en tu infancia y juventud, las historias resonaban dentro de ti y se transformaban en imágenes. ¿Qué libros recuerdas que te impactaron más?

Tengo que reconocer, como cualquier niño, que no tenía ningún criterio de calidad a la hora de seleccionar mis lecturas y gran parte de ellas fueron de muy baja calidad, incluso las que más me impresionaron. No lees igual cuando eres pequeño y cuando eres mayor y de pequeño eres sensible y estás abierto a cualquier impacto de las narraciones que te lleguen vía libro, vía cómic o vía película. Recuerdo las historias que se quedaron conmigo, las que me resuenan de mayor, esas son las verdaderamente importantes: como la La historia interminable, Alicia en el país de las maravillas, y muchas colecciones infantiles, como la de Alfaguara. No recuerdo haber leído álbum ilustrado, fui más lectora de novelas desde el principio.


¿Qué tipo de imágenes tenías alrededor que se quedaban en tu interior?

Desde bastante pronto empecé a leer cómics, fueron mis primeras narraciones visuales gráficas, desde el cómic americano al de Disney. Luego el cine fue un gran generador de imágenes. Y también hubo otra influencia muy importante: vivía en la casa de al lado de la escultora Ana Jiménez. Siempre ha sido mi tía Ana, mi madre y ella eran muy amigas y vivíamos casi en familia.  Fue una gran conmoción para mí poder ver el proceso creativo como algo natural, cotidiano y no como algo marginal. Para mí fue importante comprobar que se podía vivir haciendo esto y no hacía falta irse a ningún sitio para lograrlo.



Tus comienzos universitarios se decantaron hacia el Derecho, pero en un momento concreto te fuiste a Salamanca para estudiar Bellas Artes ¿Por qué hiciste luego Ilustración en tu ciudad? ¿Qué te atrajo de ella?

Era una asignatura que cogí en cuarto y que me gustó mucho. Entonces la impartía Miguel Ángel Fernández-Pacheco y no había más que un año. Cuando terminé la carrera hice el curso de formación pedagógica y tenía miedo a dejar de dibujar porque no quería entrar en una inercia sin  plazos y nada que te obligue. Entonces me apunté a la Escuela de Artes y Oficios de Valladolid y cursé Ilustración.


 En 2007, a la edad de 34 años, publicaste tu primer libro como ilustradora y en 2008 tu primer libro propio. A partir de ahí más de una veintena de obras, algunas propias, otras encargos editoriales o proyectos con autores. ¿Cómo te sientes después de estos intensos seis años de trabajo profesional en el mundo de los libros ilustrados?

Me siento completamente feliz y agradecida. El último año de la Escuela de Arte el mundo profesional de la ilustración lo veía como algo completamente lejano y casi imposible. No pensaba  que iba a poder vivir y trabajar regularmente como ilustradora. Me parece que a todos los ilustradores noveles les parece lejanísimo y publicar un libro se ve como un sueño. Solo tengo felicidad y agradecimiento por haber publicado tantos libros en estos años.



Continuamos la conversación abordando el tema de los álbumes. “Un álbum ilustrado abarca varias formas distintas de narrar según cómo se engranen las ilustraciones con el texto. Pueden armonizarse e ir más o menos en la misma dirección, pueden parecer dos historias distintas que al engarzarse crean una tercera historia, incluso pueden contradecirse”. ¿Cuéntanos cómo es el proceso de trabajo en un álbum tuyo para llegar a una de las tres posibilidades que planteas: ir en la misma línea, hacer una historia paralela y formar juntos una tercera historia o ir en sentido opuesto?

Si lo escribo yo no hay ese juego con la historia porque está más o menos claro a medida que lo voy haciendo. Yo no soy escritora, mis historias aparecen en imágenes. Cuando pienso en ellas siempre pienso en una secuencia de imágenes con un texto que las apoya. Cuando el texto es de otra persona, sí se pueden dar esas tres posibilidades.


¿De qué depende que tus ilustraciones vayan en un sentido u otro?

No se me había ocurrido pensar en la causa. Me gusta trabajar con tiempo, leer la historia y dejarla reposar y pensar en ella. Por ejemplo, la novela Birgit es una historia muy dura de una niña que cuenta la enfermedad de su hermana. Cuando la leo, no sé por dónde voy a ir. En principio se me ocurrían imágenes que acompañasen a la historia, pero eso no lo necesitaba el texto, ya estaba narrado. Pensando surgió la secuencia, después me di cuenta de por qué había aparecido, porque es una historia muy lineal, con un solo punto de vista. Tenía una duda sobre la persona que iba a representar, si lo hacía sobre la narradora, sacaba al lector de la historia, así que lo hice sobre la niña enferma. Creo que se trata de dar con lo pide la historia. En Birgit no podían ser imágenes muy crudas porque el texto ya lo es, ni muy complicadas porque la narradora es una niña pequeña y eso me permitió jugar con imágenes más poéticas, más simbólicas. Resumiendo, cada historia pide una solución y no sé porqué la doy  hasta que no la he ilustrado.  



         
Este número de Peonza aborda el tema de los Escenarios fantásticos en los libros desde el punto de vista de escritores e ilustradores. ¿Háblanos de los escenarios en tus libros?

Siempre he estado un poco negligente con los escenarios, a mí lo que me encanta es dibujar personas, siempre he dibujado personas, incluso desde niña  ha sido mi tema central de interés. Mis escenarios, mis entornos suelen estar implícitos y se reflejan a través de las actitudes de los personajes. En Little Red, en la primera secuencia está claro donde se encuentran. En El pacto del bosque los paisajes tienen elementos simbólicos que lo representan, no están los detalles porque sería una sobrecarga visual teniendo los personajes tan presentes y en ocasiones tan cercanos. Los personajes cargan con el peso de la historia y los escenarios detallados recargarían de información de un aspecto secundario.


¿En qué fase de la creación de uno de tus libros te sientes especialmente a gusto?

Cuando más emocionada y más fascinada estoy es justo al comienzo. Cuando tienes la historia en la cabeza y aún no se han cuajado las imágenes. O bien, en el caso de un libro propio, cuando la historia aún no se ha definido. Cuando están todas las posibilidades abiertas y podrías llevar la historia en cualquier dirección. Todo lo demás es un largo proceso de concreción de las ideas que surgen en esta fase, un proceso en que intentas bajar al mundo real eso que en un momento dado sólo existe en tu mente.



“El alma de una ilustración es su parte narrativa”, decías en una entrevista de Antonio Ventura en Babar. Háblanos de cómo la desarrollas en cada una de tus ilustraciones y de los elementos que utilizas para lograrla.

Entiendo que una ilustración es una imagen narrativa tenga o no texto escrito. No todas las imágenes tienen que ser narrativas, hay muchas en la historia del arte que no lo son. La última cena de Leonardo da Vinci es una ilustración por la historia que tiene detrás. Tendría otro significado si no tuviera esa historia, sería un mural bonito, pero perdería el carácter que ahora tiene. Mis ilustraciones desarrollan su parte narrativa de forma sugerida a través de las expresiones, de la mirada de los personajes, en las composiciones hay más movimiento que en las acciones de los protagonistas. No narro con acciones, no hay mucha actividad en mis ilustraciones, no son obvias. A mí me gusta apuntar hacia una narración poco concreta que deje abierto el camino al lector, que no cierre su significado. En este sentido recuerdo el caso del artista estadounidense Norman Rockwell que siempre tuvo el conflicto de por qué sus ilustraciones, grandes óleos, no eran consideradas  grandes obras de la pintura, si era por ser ilustraciones o porque se publicaran. Creo que hay un elemento que tienen las grandes obras y falta en las de Rockwell: son obras completamente cerradas, tienen un significado tan claro que no hay duda de lo que sucede en ellas. Cuando ves una gran obra como Las Meninas de Velázquez, no está muy claro qué está pasando ahí, existe significado abierto que da entrada a los que ven la obra.


Dibujo a  lápiz y color con diferentes técnicas son las herramientas con las que desarrollas tus sensaciones o ideas a través de las imágenes. ¿El equilibrio entre ambos se produce de manera automática o depende del texto, de lo que mueva en tu interior o de otros factores?

He tenido una relación un poco difícil con el color. Me gusta mucho el dibujo monocromático, tanto como dibujante como espectadora. En Bellas Artes me encantaba el volumen, la sombra, los matices, pero me costaba integrar el color. En quinto, mi profesor de Dibujo me dijo que era parte de mi estilo y que no me agobiara con el color. Mis primero libros tienen muy poco color, Secrets, por ejemplo, es una obra casi monocroma, no participa del color, tiene matices, pero nada más. Me reconcilié con el color cuando empecé a verlo como un elemento narrativo. En El pacto del bosque la vida cotidiana tiene colores pardos, cuando entra la magia tiene azules y cuando se resuelve la situación tiene dorados. El color tomó todo su sentido en mis ilustraciones cuando le pude asignar  un significado.




“Todas las historias tienen una huella que es lo que recuerdas cuando piensas en ellas después de un tiempo”. ¿Qué huellas te gusta que dejen las historias en ti?

Es una cuestión de gustos, es como las personas, la impresión que dejan en un primer contacto está formada por múltiples matices. Me gustan las huellas que dejan las historias abiertas porque lo que queda es un mundo en el que puedas habitar. Mis historias favoritas de niña eran las que me creaban un mundo donde yo pudiera jugar, como las de la narrativa clásica inglesa: Ivanhoe, Robin Hood… Actualmente la huella se ha vuelto más sutil, pero el concepto es el mismo, me gusta las historias que me llevan a un lugar de mi interior y me emocionan, que crean un puente entre la lectura y mis emociones, y esas son las historias que se quedan conmigo.


Seguimos hablando de los resultados que tiene tu trabajo: de tus libros en concreto. Empezaremos por los libros que te encargan o que ilustras con textos de escritores. Tu trayectoria está repleta de textos de autores clásicos (Ovidio, Cervantes, Fernando de Rojas, Mary Shelley, Poe, Bram Stoker…) ¿Qué ha cambiado en tu trabajo desde Metamorfosis hasta Drácula?

Esencialmente no ha cambiado mucho, formalmente voy ganando seguridad, técnicamente me siento más completa. Noto la evolución en mi interior, pero desde fuera no creo que se perciba mucho. El modo de abordar los libros no ha cambiado, solo que ahora estoy más acostumbrada a hacerlo, ya sé cómo funciona el proceso, incluso el que parece tan abstracto de generar imágenes: leerlo, dejar que cuaje, buscar referencias…Ahora el proceso de elaboración de imágenes es más metódico.



¿Qué te han aportado los clásicos como ilustradora?

Es una suerte que me hayan ofrecido estas obras. Aportan lo mismo que los cuentos populares: trabajar con historias que están en la cabeza de todo el mundo. Es algo maravilloso trabajar sobre historias que forman parte de la esencia cultural de las personas, y que impregnan  la esencia humana como el deseo, el dolor o el amor. Estas obras las conoce todo el mundo pero no en profundidad. A mí me han aportado una lectura muy atenta y una compresión mayor de su profundo significado y una sorpresa. Drácula, por ejemplo, la leí hace poco tiempo, pero ahora me ha sorprendido que sea una novela epistolar, muy moderna en su estructura, con un concepto muy romántico de los personajes, es muy delicada.


También has ilustrado varios libros de cuentos populares,  de hadas, o de fantasmas. ¿Qué te gusta de estas historias que tienen tanto poso y que se van sedimentando a través de la narración oral y del paso del tiempo?

El texto clásico tampoco es necesariamente el texto real porque es la recopilación de la narrativa oral y la concreción en una versión en un momento dado. Tanto Perrault como los Grimm han resumido como les ha parecido bien. Uno quería dejar una moraleja y los otros hicieron algo más comercial, digamos. Pasa lo mismo que con los clásicos, los cuentos de hadas forman parte del bagaje cultural humano  casi desde que naces. No recordamos cuándo escuchamos por primera vez Caperucita, Blancanieves o Cenicienta, parece que desde que nacemos.





¿No te dio un poco de vértigo cuando te enfrentaste a Caperucita? Lo digo porque hay tantas versiones…

No, fue emocionante, era como chapotear en el subconsciente cultural de mi entorno. Una vez me preguntaron en un coloquio sino me aburría por repetido. Yo pensé que un músico no se aburre cuando interpreta una pieza de Beethoven.  No solo no me aburrí, sino que podría hacer diez Caperucitas, y ya llevo dos. Tiene tantas resonancias, la interpretación es tan amplia y abierta, si bien hay dos versiones que recopilan y crean el canon, todos podemos versionarla e interpretarla.


Háblanos de Caperucita Roja, de lo que supuso para ti, de lo que ha generado desde el primer acercamiento a través del cuento de Oxford, hasta el segundo en el libro Little Red en Logos, o alguno futuro.

Caperucita para mí ha sido muy sorprendente porque no era uno de mis cuentos favoritos cuando era niña. Yo, como todas las niñas, estaba encantada con Cenicienta. No era especial hasta que no tuve que ilustrarla para Orxford. Cuando la leí me resultó muy atractiva y me surgieron tres o cuatro versiones. Tuve que decidirme por una, pero todas eran válidas. Me quedaron pendientes otras, por eso tuve que hacer Litle Red, y no estoy segura de haber acabado con ellas. Caperucita es muy interesante, está en un terreno entre el cuento de niños y el cuento adulto. Tiene muchas interpretaciones y su significado es tan amplio que da mucho juego. Los cuentos clásicos son una obra en formación constante, aunque estén fijados por Perrault y Grimm, pero son historias de tradición oral, son como leyendas urbanas.






Little Red, Secrets, El libro de las preguntas, Bird y otros futuros son ejemplos de proyectos propios que vas generando en tu interior. ¿Qué necesitas contar con estos libros de imágenes?

Cuando creas la actitud es muy distinta a cuando lees. Es muy difícil para mí saber qué quería contar en un libro antes de hacerlo. Después de haber hecho tres álbumes ilustrados, siento que me inquietan más los procesos que las acciones, cómo se transforman, varían, pero mis personajes no hacen muchas cosas. Supongo que necesito contarme a mí misma cosas y el medio que utilizo es a través de libros. Cuando estoy haciendo un libro el proceso es distinto y cuando lo tengo en las manos me doy cuenta de lo que quería contarme. Pienso que sería erróneo saber lo que uno quiere contar desde antes de hacerlo, eso mediatiza y  hace que el libro pierda calidad.


¿Qué “mundos” reales o imaginarios te sirven de inspiración para tu trabajo?

 A la larga, y creciendo con cada trabajo, se va formando un mundo dentro de ti que es de donde surgen todas las imágenes. Se forma con todos los otros mundos, literarios, gráficos y de cualquier otro tipo que te han tocado en algún momento, y se va volviendo más peculiar y más propio con cada dibujo que haces.





Continuamos la entrevista con preguntas sobre tres personas que han confiado en tu talento a lo largo de estos años de carrera artística. La editora de Lothian Books, Helen Chamberlain, fue la primera que publicó un álbum tuyo. ¿Qué supuso para ti que la editora australiana aceptara tu proyecto?

Para mí fue maravilloso, uno de los momentos clave. Fue la primera vez que me hicieron un contrato y pensé que se podía vivir del trabajo de ilustradora, tener una carrera y una vida ilustrando, hasta entonces no lo tenía nada claro. Sucedió de una manera muy casual. Viajé a la Feria de Bolonia y vi en el stand de su editorial un libro que me gustaba. Hablé con ella, le mostré mi trabajo y me pidió que le enviara una historia completa. Lo hice en verano, sin muchas pretensiones y cuando se la envié me ofreció hacer un contrato y publicarlo. Fue maravilloso ver cómo algo tan inconcreto: “tal vez algún día pueda publicar un libro, tal vez algún día pueda vivir de esto”, se hizo realidad de forma contundente. Le debo mucho a Helen.


Antonio Ventura fue el primer editor español que te dio la oportunidad de ilustrar, primero en Anaya,  y luego en Oxford y en El Jinete Azul. ¿Qué significa Antonio para ti como editor?

Conocí a Antonio en Bolonia, el mismo año que a Helen, y al año siguiente ya me dio un libro de cuentos para ilustrar. Ambos aparecieron de forma simultánea. Creo que hay una generación entera de ilustradores que le debe muchísimo. Por lo que a mí respecta le estoy muy agradecida. Y también le agradezco la reiteración de la confianza, un libro y luego otro y otro. Helen y Antonio son mi madrina y  mi padrino en esta profesión. Me abrieron las puertas de un mundo que parecía muy cerrado y me dieron continuidad en el trabajo. Antonio ha abierto las puertas a muchos jóvenes, de hecho el primer libro que me encargó era uno de cuatro volúmenes, todos ilustrados por ilustradores noveles. Para mí es el editor por excelencia: un editor que cuida el texto, el libro, que da oportunidades, que junta ilustradores con autores, que te da libertad, que respeta tu trabajo aunque acabes de empezar… Me dio mucha confianza cuando más lo necesitaba. Está haciendo una labor impresionante apostando por ilustradores nuevos. Le recomendaría a cualquier ilustrador novel que se encuentre con Antonio Ventura en cualquier sitio.





Háblanos de tu colaboración con Gustavo Martín Garzo, tanto en prensa con la página de opinión en El Norte de Castilla, como editorial en El  pacto del bosque, tu primer álbum en España, o Carmela y su duende.

A Gustavo me le encontré en una fase más avanzada. También me mostró su confianza, es un escritor consagrado y sé que si estoy colaborando en El Norte de Castilla es porque él lo ha pedido, no porque lo haya decidido una tercera persona. Le estoy muy agradecida por haber confiado en mí, en mi visión de las cosas, que tiene empatía con ella. A nivel general, me parece que cuando un escritor busca a un ilustrador y le ofrece un texto a alguien puede cambiar la historia con sus ilustraciones, eso es un síntoma de gran confianza en ese ilustrador. Buscar a propósito a un ilustrador significa que el escritor está viendo un punto de confluencia con su mundo y un punto de confianza muy halagador.




Para terminar esta agradable conversación hablamos un poco de la actualidad y del futuro. ¿Cómo valoras el clima social, económico o político que vivimos en la actualidad? ¿Te influye en el trabajo?

Tengo que reconocer que no tiene mucho que ver. Mi entorno exterior no lo he visto reflejarse nunca en mi trabajo, en mis ilustraciones quiero decir. En los aspectos prácticos, tengo la suerte de reconocer que no he sentido esa crisis en mi volumen de trabajo. Probablemente lo pueda notar en el futuro. Mi trabajo tiene una ventaja y es que está abierto a todo el mundo, no se circunscribe al ámbito nacional, trabajo igual con un editor de Madrid que con uno de Australia.
En el aspecto personal, pues claro que me afecta, como a todos. En el campo profesional, a veces pienso que no lo tenía más fácil un ilustrador  hace treinta años. Ahora podemos mostrar nuestro trabajo con gran facilidad, basta con enviar un correo electrónico. Ahora tenemos muchas posibilidades de ver, Antonio López decía que algunos amigos venías de sus viajes al extranjero llenos de libros para poder ver lo que se hacía fuera. Es un mundo difícil, pero ahora hay muchas facilidades. Por otro lado, siempre me ha parecido muy difícil vivir de este trabajo, es como ser actor o cantante, es posible que funcione si tienes mucha suerte. Siempre ha estado tan difícil que era casi imposible que empeorara.


Terminamos con una frase tuya que me gustó especialmente: “Es como sembrar textos para recoger imágenes”  ¿Qué proyectos estás sembrando y darán fruto a corto o medio plazo?

Tengo tres o cuatro textos encargados. Acabo de recibir las imágenes de un álbum para Australia y de momento estoy plantando semillas, pero no las planto con textos, sino con imágenes. Estoy con un álbum mío que quiero llevar a Bolonia este año, pero no son textos, son otra cosa. El último trabajo siempre me deja algo, una semilla: Caperucita surgió de Birgit y Caperucita me ha dejado otras preguntas que busco contestar. Son preguntas abstractas y las respuestas están en el mundo de las ideas y cuando consigo bajarlo y ponerlo en papel es cuando empieza el camino de un nuevo libro, donde están las respuestas.





Muchas gracias por tus libros y por la sensibilidad que pones en ellos, Beatriz.
Gracias a vosotros.


Breve biografía:

Nació en Valladolid, 1973. Durante su infancia fue una lectora voraz. Estudió  Bellas Artes en la Universidad de Salamanca e Ilustración en la Escuela de Arte de Valladolid. Su carrera como ilustradora comenzó en 2007.  “Mi estilo es figurativo. Diría que realista, pero no es exacto, porque la mayoría de mis imágenes son más bien simbólicas, más cercanas a una perspectiva poética que realista”. Cuando más emocionada y más fascinada está es justo al comienzo, cuando tiene la historia en la cabeza y aún no se han concretado las imágenes. O bien, en el caso de un libro propio, cuando la historia aún no se ha definido. Cuando están todas las posibilidades abiertas y podría llevar la historia en cualquier dirección. Le gustaría que la experiencia que tuvieran los lectores al leer un libro ilustrado fuera distinta a la que habrían tenido al leer ese texto sin imágenes. Compagina la ilustración infantil con la de adultos y colaboraciones en el diario El Norte de Castilla. Ha sido seleccionada para la exposición anual y el catálogo de la Sociedad de Ilustradores de Nueva York 2012.




Selección bibliográfica:

Metamorfosis,  de Ovidio. Ed. Anaya, Madrid, 2007.
Los cazadores de pájaros, de Antonio Ramos. Ed. Progreso, México, 2007.
Secrets. Lothian Books, Melbourne, Australia, 2008.
A las buenas y a las malas,  de Teresa Durán, Ed.  Anaya, Madrid, 2007.
El vampiro y otros cuentos rusos, de A.N. Afanásiev. Ed. Anaya, Madrid, 2008.
El enigma de la esfera, Cecilia Eudave. Ed. Progreso, México, 2008.
El hombre de los dos corazones, de Ana Merino. Ed. Anaya, Madrid, 2009.
My baby love, de Meredith Costain. Lothian Books, Melbourne, 2009.
Frankenstein, de Mary Shelley. Ed. Bruño, Madrid, 2008.
Cuentos de Poe, de Edgar Allan Poe. Ed. Anaya, Madrid, 2009.
Caperucita roja, de los Hermanos Grimm. Ed. Oxford, Madrid, 2010.
El pacto del bosque, de Gustavo Martín Garzo. El Jinete Azul, Madrid, 2010.
La Celestina, de Fernando de Rojas. Ed. Oxford, Madrid, 2010.
Novelas ejemplares, de Miguel de Cervantes. Ed. Oxford, Madrid, 2010.
Carmila, de Joseph Sheridan  LeFanu. Nuages, Milan, Italia, 2010.
La sombra del membrillero, de Mónica Rodríguez. Ed. Edelvives, Madrid, 2011.
Birgit, de Gudrun Mebs. El Jinete Azul, Madrid, 2011.
Carmela y su duende, de Gustavo Martín Garzo. Ed. Oxford, Madrid, 2011.
Antología de cuentos de fantasmas, de Vicente Muñoz Puelles. Ed. Oxford, Madrid, 2011.
Drácula, de Bram Stoker. Ed. Anaya, Madrid, 2012.
Little Red. Logos Edizioni, Modena, Italia, 2012.
Hansel y Gretel, de Jacob y Wilhem Grimm. Ed. Anaya, Madrid, 2014.
Bird . Simply Read Bokks, Canadá, 2015.
Caperuza. Ed. Thule, Barcelona, 2016.

Enigmas. Ed. Thule, Barcelona, 2016.